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Me voy a mi pueblo

Lunes, 27 Agosto 2012 00:00 Escrito por 

 

Como cada año, haga lo que haga, viaje a donde viaje; después siempre acabo yendo a mi pueblo. Ir al pueblo es una paradoja perfecta en la que no tener nada es tenerlo todo. Siempre hay alguien que no tiene pueblo que pregunta qué tiene el pueblo en cuestión. Entonces tú te intentas justificar con el río, la piscina, el monte o la tasca. Pero no es eso lo que te lleva al pueblo una y otra vez. Es el deseo de descansar el que te lleva, aunque acabas haciendo de todo menos eso… y curiosamente vuelves descansado. Es el sentimiento de libertad lo que te empuja a volver, aunque sufras marcaje a cada paso… y curiosamente olvidas todas las ataduras diarias. Y por supuesto, como siempre, la gente con la que te vas topando.
 
Como dice un anuncio reciente. No tener pueblo es como ser huérfano. La gente te abandona por su pueblo y cuando empiezas a superarlo vuelve y te cuenta lo bien que se lo ha pasado. Todo lo que ha comido. Y lo que ha dormido. ¿Y los niños? Corriendo por la plaza. Con los padres, no. Corriendo por la plaza.
 
Personalmente me apena pensar que cierta gente no pueda disfrutar de un pueblo auténtico. Con sus más vacas que personas y sus más perros que casas. Me entristece que esos pueblos genuinos de toda la vida, con lavadero que no lavadora y pozo que no fuente, estén desapareciendo. Y me acuerdo de todo lo que he disfrutado y aprendido en mi propio pueblo, donde el medio de transporte habitual era la bici si conducías o el remolque del tractor si te llevaban. Donde nada podías temer ya que siempre tenías un amigo fiel que te acompañaba en tus paseos a cambio de unas sobras de la cena y unas caricias en la cabeza. El pueblo donde llevar las ovejas al monte o la comida a las vacas no era trabajo, eran vacaciones. Vacaciones de las de verdad.
 
Pero cada uno, si tenéis la suerte, pensaréis en vuestro propio pueblo. Y sabréis qué hierba frotaros si os pica una ortiga. Sabréis dónde coger las mejores moras, dónde tiraros en el río para no dar con una roca o los mejores sitios para esconderos en caso de necesidad lúdica. Tendréis vuestras propias contraseñas para llamar a vuestros amigos sin usar el móvil, tendréis mil atajos para cada camino y otras mil leyendas que teméis aunque no creáis. Así que no os hablaré de mi pueblo porque jamás lo visitaréis; pero os puedo hablar de un lugar muy cercano que os recomiendo conocer.
 
Ese lugar es Allariz, un pueblo empedrado cerca de Ourense, Conjunto Histórico Artístico desde los años 70. Sus calles que guardan memoria de suevos, tropas napoleónicas, reyes como Alfonso X El Sabio y hasta hombres lobo como Romasanta; contienen numerosos atractivos turísticos, más allá de sus famosos outlets.
 
Entre ellos destaca el Molino del Burato, la iglesia de Santiago, el Museo del Cuero o la Plaza Mayor, así como unos cuantos museos interesantes como el dedicado al Juguete o el de Vicente Risco… sin olvidar la obra mágica de Agustín Ibarrola en O Rexo; y sobre todo, la joya de la villa: el Convento de Santa Clara, con el mayor claustro barroco de España.
Yo me voy a mi pueblo… ¿venís?
Leer 614 veces Modificado por última vez en Jueves, 23 Agosto 2012 16:12

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