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Prueba de esta mala memoria son las atestadas cárceles sudamericanas (aunque también tenemos ejemplos más cercanos tanto geográficamente como culturalmente); y a otro nivel aunque con resultado similar, la infinidad de campos de refugiados, superpoblados por el surgimiento y mantenimiento de innumerables conflictos armados olvidados (y lamentablemente, en ocasiones, hasta desconocidos). Este ejemplo, no deja de ser una copia a pequeña escala y por motivos bien distintos de los campos de concentración nazi, ideados para ejecutar la “solución finalâ€.
Tenemos ejemplos de estos memoriales de la vergüenza en numerosos paÃses europeos, siendo los más importantes los localizados en Alemania (Dachau), Austria (Mauthausen) y Polonia (Auschwitz); pero también tenemos impresionantes ejemplos de cárceles al uso en todo el mundo, que de algún modo sirvieron para ir avanzando muy lentamente hacia un sistema penitenciario centrado en la reinserción, para no ser simplemente palacios del castigo, que es como surgieron.
Una de las más famosas es la cárcel de Alcatraz, cerca de San Francisco. Su popularidad, como tantas otras cosas, se debe al cine de Hollywood, aunque bien es cierto que siempre fue vista como el reto insuperable para cualquier recluso con ganas de escapar. No en vano, cuenta la leyenda que nadie logró jamás salir con vida tras una fuga de La Roca.
Otro enclave interesante lo encontramos en Sing-Sing, Nueva York. En una ciudad con tantos atractivos es fácil que pase desapercibida, más aun teniendo en cuenta que sigue en funcionamiento; pero merece mención al ser una de las cárceles de máxima seguridad más nombradas en la cultura popular; tanto en canciones como en pelÃculas como Ciudadano Kane, Desayuno con Diamantes o El Peregrino de Chaplin.
Port Arthur, en Tasmania, es un ejemplo muy particular ya que es un pequeño sÃmbolo de la reclusión y los trabajos forzados dentro de una inmensa cárcel llamada Australia. Bien es sabido que el nuevo continente fue poblado por convictos británicos que saturaban las prisiones inglesas. Los presos eran seleccionados entre los más fuertes para realizar trabajos de construcción y colonización en condiciones de esclavitud; si bien, eran libres al cumplir sus penas por no tener ninguno delitos por violencia. Port Arthur, además de ser un paraje de gran belleza, se trata de todo un hito ya que se construyó para experimentar un sistema más avanzado y humano de reclusión; pero también es un sÃmbolo del propio paÃs que hoy en dÃa mira hacia atrás con la cabeza bien alta, sin avergonzarse de sus comienzos.
El ejemplo más dulce, por decirlo de algún modo, es la prisión de Langholmen, Estocolmo, donde se realizó la última ejecución en Suecia, cuando el resto de paÃses del entorno ni se planteaban el fin de esa práctica. Fue concretamente en 1910, con una guillotina comprada a Francia que sólo se usó en esa ocasión. Hoy en dÃa es un singular albergue situado en una preciosa isla con pequeñas playas y vistas espectaculares del famoso ayuntamiento. Es el plan perfecto para un paseo matutino en bicicleta.
Entre los sÃmbolos carcelarios más destacados (y recientes), encontramos Robben Island, la prisión sudafricana convertida en un mito de la lucha contra el apartheid y por extensión, de los derechos humanos. Varios activistas fueron encarcelados allÃ, entre ellos el prisionero 466/64: Nelson Mandela. La prisión es incluso Patrimonio de la Humanidad desde 1999.
Prácticamente el resto de prisiones del planeta no existirÃan en un mundo ideal; pero ahà están, esperando que un milagro las convierta en monumento, para pasar a ser un lugar al que sà queremos ir.
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