A parte de escribir estas líneas en Ahots Berriak siempre que puedo; llevo unos meses desarrollando un proyecto personal paralelo, también relacionado con los viajes. Al contrario que esta sección, donde intento abordar el turismo desde un punto de vista, por decirlo de alguna forma, más personal; mi otro proyecto pretende ser una ayuda para aquellos viajeros que se escapan de su rutina cuando pueden… y el tiempo que pueden, que es en muchos casos escaso. Por ello, mi BLOG está dedicado a las rutas más o menos indispensables que nos ayudan a conocer ciertas ciudades de una forma (muy) básica.
Como cada año, haga lo que haga, viaje a donde viaje; después siempre acabo yendo a mi pueblo. Ir al pueblo es una paradoja perfecta en la que no tener nada es tenerlo todo. Siempre hay alguien que no tiene pueblo que pregunta qué tiene el pueblo en cuestión. Entonces tú te intentas justificar con el río, la piscina, el monte o la tasca. Pero no es eso lo que te lleva al pueblo una y otra vez. Es el deseo de descansar el que te lleva, aunque acabas haciendo de todo menos eso… y curiosamente vuelves descansado. Es el sentimiento de libertad lo que te empuja a volver, aunque sufras marcaje a cada paso… y curiosamente olvidas todas las ataduras diarias. Y por supuesto, como siempre, la gente con la que te vas topando.
Como una flor más que engalana nuestros campos, en la presente primavera ha surgido una nueva asociación cultural que ha tomado su nombre del género de moscas Alavesia, que goza de la particularidad de que la primera especie, Alavesia subiasi, se describió por primera vez en 1999, a partir de ejemplares atrapados en ámbar alavés. Esta mosca singular vivió hace más de 100 millones de años, conviviendo con los dinosaurios y, fruto de la divulgación internacional de este descubrimiento, ha sido detectada viviendo en la actualidad en unos remotos parajes del suroeste de África, concretamente en Namibia.
ALAVESIA nace como “Asociación de Amigos del Museo de Ciencias Naturales de Álava” , situado en la Torre de Doña Ochanda de Vitoria-Gasteiz, compendio éste y buena muestra de todos los descubrimientos llevados a cabo por científicos expertos en esta materia. El Museo, como pilar básico, facilita, no solo avanzar en el conocimiento científico a los estudiosos, sino también en el acercamiento de nuestra biodiversidad al gran público en general, procurando de esa manera una mayor concienciación colectiva a favor del medio ambiente y, por lo tanto, la integración en el mismo de los ciudadanos, todavía con escasa sensibilidad hacia el medio natural.
Consecuentemente, ALAVESIA tiene también por objeto la divulgación del extraordinario patrimonio público que ostenta Álava en el ámbito de las Ciencias de la Naturaleza y que, debido a sus altos índices de biodiversidad, hacen de nuestro territorio, a juzgar por los expertos, uno de los más interesantes en este campo, una referencia mundial actualmente.
Manos a la obra, esta asociación inició su actividad el pasado sábado 16 de junio mediante una excursión abierta al público titulada “Geoturismo por el románico de Kuartango y Urkabustaiz”, cuya dirección y explicaciones corrieron a cargo de Luis Miguel Martínez Torres, geólogo del departamento de Geodinámica de la UPV-EHU y autor de dos interesantes libros sobre la materia titulados “La tierra de los pilares” y “La ruta de la piedra”, este último relacionado con nuestra Catedral Vieja de Santa María. Por otro lado, gran entusiasta del románico en general, que como introducción expuso lo siguiente:
“La relación de las personas con la biodiversidad es incuestionable: nuestra especie depende de ella. Su manifestación más humana la encontramos en la gastronomía. La relación de los humanos con la geodiversidad es más sutil, aunque también inevitable (el agua, la sal…), si bien su expresión más espiritual podemos hallarla en la escultura y en la arquitectura, cuando el reino mineral es esculpido por alguna cándida alma humana.
Las construcciones, generalmente, suelen emplear un único tipo de roca en escultura y sillería. Muy excepcionalmente podemos encontrar dos litologías diferentes. Sin embargo, en el occidente alavés, el románico de Kuartango y Urkabustaiz, al iniciarse el S. XII, muestra algunas ventanas que, simplemente por estética, se tallaron con hasta cinco tipos de roca diferentes. Esta singularidad del románico universal sugiere la presencia de escultores que diferenciaban las piedras y sus características. En sentido inverso, la observación de esas ventanas románicas permiten conocer la rica geodiversidad alavesa”.
La excursión discurrió por Subijana-Morillas, Aprícano, Zuazo de Cuartango, Catadiano, Anda –donde además se visitó la localización de su antigua cantera, famosa por la calidad y estética de su caliza- y Belunza. La concurrencia de las diferentes piedras talladas en las ventanas románicas de esas iglesias sirvieron para explicar la procedencia y génesis de las rocas empleadas. Una magnífica lección sobre un tema muy poco conocido, las piedras…
La oportunidad permitió también contemplar la iglesia de Belunza, destacada desde lejos por su color blanco, magnífico ejemplo del colorido exterior que presentaban la mayoría de templos románicos en origen, hasta que, lamentablemente, se impusiera la moda de mostrar la piedra crudamente, prescindiendo de su revocado de cal, tanto en el exterior como dentro (recordemos el santuario de Ntra. Sra. de Estibaliz).
El buen tiempo adornó en todo momento esta magnífica excursión.
Para terminar, y aunque pueda resultar estrambótico utilizar para otro tema el espacio para la presentación de esta nueva asociación, no me resisto a pasar por alto la siguiente anécdota, al fin y al cabo colateral y surgida en el transcurso de su primera actividad.
Encontrándonos los excursionistas absortos en la cantera de Anda -magnífica atalaya- ante la exuberancia green que mostraba la primavera en estos valles, nuestro subconsciente nos situó por simple comparación en otro escenario green-machacón más cercano y automáticamente fuimos asaltados por una espontánea e inevitable reflexión surgida como acto reflejo a la vista de numerosas pancartas que, irrumpiendo esparcidas en el paisaje, nos alertaban con el lema “Fracking ez Araba” . El resultado del análisis –no me atrevo a decir unánime, al menos sí, sin contestación- fue rápido y simple: ¡hermosos valores los que tenemos! ¡Suerte que nuestros mayores los han conservado! Pongámoslos en valor y vendamos su contemplación y disfrute, que a buen seguro nos proporcionarán mayor rentabilidad social y económica que la que se derive de la asunción de riesgos y del deterioro de nuestros espacios naturales, de la aniquilación en definitiva de tanta belleza… Nos atrapó la lógica. ¡Magnífica mañana!
Invito al lector a ver el calendario de las próximas actividades en: http://alavesia.org/
Jesús Mª Estarrona Salazar
Socio de Alavesia
Ya os he contado muchas veces que viajar no sólo es moverse de un lado a otro, al menos como yo entiendo el concepto que intento describir en estas líneas. Es decir, no se trata de trasladarse a otro lugar con un fin más o menos concreto, sino de algo con un mayor peso que cala en nuestro interior. Algo que de alguna forma nos transforma y se queda con nosotros para siempre.
Pero hay ocasiones en las que el viajar en ese sentido de la palabra se produce precisamente en el propio desplazamiento. Cuando el trayecto no es sólo un medio para viajar, sino que constituye el centro de la aventura. Siguiendo con ese concepto hay lugares en las ciudades que sintetizan a la perfección su propia esencia, convirtiéndose en ocasiones en atractivos turísticos de primer orden. Esos lugares no son otros que las vías del metro, y todo lo que las rodea: las estaciones, los vagones; y sobre todo, la gente que los abarrota.
Muchos suburbanos gozan de fama mundial por su modernidad, por su vanguardia, por la decoración de sus estaciones o por su propia historia; aunque lo que comparten todos ellos es la imagen que provocan en el visitante. En ocasiones pueden darnos un retrato de la sociedad que los usa y mantiene, que independientemente de ser cierto o no, lo tomaremos como una guía exacta.
El desplazamiento por metro en las grandes ciudades es siempre deseable, por su comodidad por supuesto, pero sobre todo por ser un contacto casi directo con la sociedad que se ha creado en la ciudad. Llegados a este punto ya me he descubierto como un fan de este medio de transporte, pero más allá de eso me confieso un voyeur social, por decirlo de alguna forma. Salir de fiesta en un lugar desconocido para mí es un ejercicio de observación más que de diversión al uso; y esa misma observación se hace más intensa en el medio de transporte del que os hablo; donde se revela el carácter y la vida que palpita en una ciudad.
A parte de todo ese concepto sociológico (y mi personal pedrada en la cabeza) también son un lugar interesante tomando la estética o la arquitectura como referencia. En este sentido se podría decir que hay dos sistemas de transporte suburbano predominantes en el mundo, y que a su vez son antagónicos: Nueva York y Moscú. El primero lo conocemos de memoria gracias a las películas, aunque no lo hayamos pisado en la vida. El subway es uno de los más extensos del mundo y tiene la particularidad de funcionar las 24 horas del día. El metro de Moscú por su parte es el suburbano con mayor número de pasajeros y aunque fue inaugurado en los años 30, algunas de sus estaciones nos trasladan a la Rusia de los zares.
No podía olvidarme del pionero, el underground londinense, abierto en 1863 y apodado el “tubo” ya que los convoyes recorren las entrañas de la ciudad por unos pasadizos a los que ningún claustrofóbico se acercaría. Y como todos los referentes, también el de Londres tiene sus antagónicos, como por ejemplo el de Pekín con su reciente línea 8 construida para las Olimpiadas, o sobre todo el ultramoderno metro de Dubai.
Para cerrar este pequeño recorrido que me gustaría que utilizaseis como invitación a hablarme de los metros que más os han gustado en vuestros viajes, acabaré con dos de mis preferidos. El primero, no podía ser otro que el metro de Bilbao. Aunque es un sistema en pañales, numerosos premios avalan su diseño y lo han convertido en una referencia internacional. Y el segundo, por sorprendente que pueda parecer es el de Estocolmo. Además de sus originales asientos decorados de forma infantil con edificios singulares suecos, el 90% de sus estaciones son muestras artísticas en sí mismas; como las “ruinas” de Kungsträdgarden o la cueva de Radhuset.
¡Buen viaje!